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Publicitar la Educomunicación en el Siglo XXI

Este artículo de Agustín García Matilla: Publicitar la Educomunicación en el siglo XXI es la lectura para la segunda semana de clase. Se sugiere la realización de estas dos actividades:

1. Sacar tres ideas nucleares del texto, hacer una valoración crítica de esas ideas (por ejemplo, explicando por qué le parecen importantes) y vincularlas con su propia experiencia educativo.

2. Investigar sobre las aportaciones más relevantes de estos tres Educomunicadores pioneros, que se nombran en el artículo: Freinet, Freire y Kaplun

UN DÍA DE FIESTA EN LA PUERTA DEL SOL

Yo estuve el domingo en la Puerta del Sol participé de los corrillos, llevamos comida, polemizamos y disfrutamos escuchando a todas las personas que tenían necesidad de hablar: EDUCACIÓN CON MAYÚSCULAS, RESPETO, TOLERANCIA, COHERENCIA, DISCREPANCIA Y DIÁLOGO. Hoy tocará volver pero, sobre todo, habrá que apoyar a partir del domingo otra siembra de esperanza también aquí en este pequeño lugar, la vetusta Segovia que, a pesar de todo, resiste a la imparable marea del más de lo mismo.

¡¡¡¡Es cierto, lo que bulle en Sol es el principio de algo GRANDE, LIMPIO, ESPERANZADOR Y QUE NOS DEBE LLENAR DE ILUSIÓN PARA PENSAR QUE LO DIALÉCTICO PUEDE COMENZAR A DESMANTELAR NUESTRO PROPIO CONFORMISMO!!!! A ver si mantenemos la alegría y contribuimos a construir lo que todos ansiamos. Somos muchos más, con nuestras contradicciones, con nuestros miedos a “desestabilizar”, con nuestros pesares pequeñoburgueses… (por cierto este domingo en Sol tuve que debatir, ante un espíritu que se creía puro y que atacaba el carácter pequeño burgués de la concentración, que si los de la acampada eran llamados pequeñoburgueses, yo era mucho más pequeño aún. No quería haber hablado pero cogí el altavoz en el corrillo que se formó y me alivió saber que mi hijo Miguel de 11 años me había entendido) ¡¡¡¡Quise defender la alegría de las gentes que habían tenido la iniciativa de devolvernos la esperanza, apuntalar nuestra ilusión y resistir a pesar de todo!!!!  Gracias amig@s por defender la ilusión. Un abrazo.

Agustín García Matilla

El terremoto de Japón y las agendas informativas

Interesante texto de Rafael Díaz Arias, extraído de su blog Periodismo Global (en la lista de enlaces), a propósito del reciente terremoto y Tsunami. Es muy ilustrativo de cómo se mueve la Agenda Setting. Hemos hablado de ello en clase en esta semana y esperamos que os haga pensar.

Saludos

Agustín G. Matilla  y Eva Navarro

Tsuami, el acontecimiento global

“Más desinformados que nunca, ¡y gratis!”

Os dejo una nueva lectura, sobre la que trabajaremos el jueves 10 de marzo en clase, sobre la NuevaGestionInfo. Es una entrevista, que además de tenerla en el enlace reproduzco a continuación.

Saludos

Eva Navarro

“Pronto verá cómo, una vez liquidados o reducidos a la banalidad más o menos rentable los medios privados de calidad, las empresas informativas públicas serán tachadas de ineficientes y obsoletas.”

MaxOtte, pensador y economista; dirige un fondo de inversión; predijo la crisis ‘subprime’Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet. 09/01/2011 – 00:20

La vanguardia http://www.lavanguardia.es/lacontra/20110109/54100134684/tenemos-mas-desinformacion-que-nunca-y-gratis.html

Lluís Amiguet

“Tenemos más desinformación que nunca, ¡y gratis!”

Max Otte no es ningún alarmista rojoide, sino un destacado militante democristiano dedicado a la inversión en bolsa. Tras doctorarse en Princeton y reorganizar el servicio de estudios del Ministerio de Economía alemán, Otte alcanzó notoriedad al publicar en el 2006 ‘¡Que viene la crisis!’ y profetizar el tsunami de las ‘subprime’ que todavía pagamos. Ahora publica ‘El crash de la información’, donde explica la degradación de los media (hoy ‘Gran Hermano’ ocupa el canal que la semana pasada emitía un buen informativo) e, invitado por La Fundació Consell de la Informació de Catalunya, anticipa un futuro que nos exige rearmar nuestra democracia o resignarnos a acabar subempleados en una franquicia.

Hoy disponemos de decenas de cadenas de televisión; miles de portales de internet y decenas de miles de blogs, pero estamos peor informados que hace 30 años: más desinformados y por ello más manipulables.

Hemos pasado de los medios de masas a la masa de medios.
Pero masa no quiere decir calidad. Al contrario: se han multiplicado, pero también empobrecido los contenidos. La mayor parte de los textos e imágenes que nos sirven –gratis– en todo tipo de pantallas ni aportan nada ni son fiables. Constituyen una cacofonía insulsa de mensajes caóticos y banales.

¿No cree que hay de todo como antes?
Antes las empresas informativas de referencia servían información-interpretación jerarquizada por periodistas serios, bien pagados y relativamente independientes.

¿Y ya no quedan periodistas de esos?
Están amenazados por la separación de publicidad y contenidos. Sobre esa unión se fundó la prensa de calidad, pero hoy la gente ya no mira anuncios, sino que busca lo que quiere comprar directamente en internet y, por eso, la publicidad, que antes financiaba la información rigurosa, ya no se invierte en los grandes medios de referencia. Los diarios serios son más necesarios que
nunca, pero han dejado de ser rentables.

Habrá de todo…
Esa degradación es la tónica dominante en EE.UU., donde me doctoré en Princeton, y en Alemania, cuyo Ministerio de Economía ayudé a reestructurar. Y en todo el mundo.

¿Qué futuro nos aguarda?
Los periodistas están siendo sustituidos por una nueva ola de meros  gestores de contenidos, aleccionados para limitarse a obtener más clics en las noticias. Ya no deben interpretar y jerarquizar contenidos por importancia o interés, sino sólo por su audiencia inmediata. De esa forma nos  desinforman.

Espero que nos dé tiempo a jubilarnos.
No es sólo un problema corporativo de los periodistas. El hundimiento de la información se inscribe en la regresión de la historia: el capitalismo total nos hace retroceder a un neofeudalismo, que concentra el poder y el dinero en pocas manos y condena al resto a la desinformación, la deseducación y, a la larga, la servidumbre y la pobreza.

¿Es una conspiración?
No creo en conspiraciones. Es una lógica, la de la selva capitalista, que se impone poco a poco y empobrece primero el criterio, la educación y la información de las clases medias; después limitará sus rentas. Y eso que sucede con la información, ocurre también con la formación, los servicios públicos y la representación política. Y su correlato empresarial es la economía franquiciada.

Cada vez hay más franquicias, pero…
La franquicia es deconstrucción de un proceso productivo. La central concentra todo el poder de decisión y condena al resto a ejecutar como robots tareas que no requieren formación. En McDonald’s un puñado de directivos deciden en la central hasta el tamaño de los pepinillos que  servirán en todo el planeta y a los miles de empleados de cada restaurante franquiciado no les queda margen para el aprendizaje o el progreso.

Es un modelo.
Es el modelo. Esos empleados no necesitan formarse sino desinformarse para no sentirse frustrados por una vida en la que no controlan nada y no aprenden nada al trabajar.

Pero aún tenemos democracias.
¿No ha visto cómo se ha resuelto esta crisis que pronostiqué? Se nos ha culpabilizado a todos de los abusos de unos aprovechados y estamos pagando sus desmanes con recortes en sueldos y servicios públicos. Y fíjese
dónde acaban los ex políticos a cambio del favor: a sueldo de las multinacionales.

Se habló de nueva regulación bancaria.
Han hecho lo contrario, se ha reforzado el capitalismo total. Se acata la lógica de la pretendida eficiencia cuantificable y se condena de antemano cualquier otra consideración intelectual, humanística o de justicia.

Suena apocalíptico y marxistoide.
Pues soy socialcristiano y moderado. Sólo constato el sentido de la historia: avanzamos en el capitalismo total hacia un nuevo feudalismo que liquida los derechos de las clases medias. Y la política se ha rendido a esa lógica. Cuando estaba en el Ministerio de Economía, un alto funcionario veterano me explicó cómo los presidentes de las multinacionales hacían cola para ver al ministro Erhard: ¡hoy son los ministros los que hacen cola para mendigar favores a banqueros y presidentes de empresa!

¿Y la desinformación de las clases medias forma parte de ese proceso?
Es su consecuencia y a su vez lo acelera. Pronto verá cómo, una vez liquidados o reducidos a la banalidad más o menos rentable los medios privados de calidad, las empresas informativas públicas serán tachadas de ineficientes y obsoletas.

Al menos tienen rentabilidad política.
Algunos medios sobreviven al vender su independencia a un partidismo político cada vez más descarado a cambio de subvenciones y concesiones. A su vez esos políticos sirven a los nuevos señores feudales de la banca y la empresa, que no necesitan ganar elecciones para mandar.

Llámeme ingenuo, pero creo que el buen contenido siempre halla su lector.
Ambos están desapareciendo: el lector desinformado acaba por conformarse con los contenidos más superficiales.

¿Es necesaria una ecología de la información?

En El País digital del 1 de febrero aparecía un artículo con un título muy sugerente “Sin tiempo para pensar”; podréis imaginaros de qué se trata. En efecto, el artículo, basándose en algunos estudios recientes y reflexiones de expertos, un tanto alarmados con la situación, relata cómo en nuestra era digital, el espacio para la reflexión, queda relegado por una especie de zapping mental al que nos vemos obligados por el ritmo de vida que llevamos – el estilo de vida multitarea – y, sobre todo, por la saturación de información y contenidos dispersos a la que estamos sometidos, y cuyo número se ha disparado, y lo sigue haciendo gracias a Internet. “Abrir el email, un acto doméstico y rutinario, nos deja sin aliento, asegura la teórica de la tecnología Linda Stone, que después de experimentar consigo misma y observar el comportamiento de varios cientos de sujetos, concluyó que todos sufrimos “la apnea del email”, una suspensión temporal de la respiración que tiene lugar mientras lo revisamos.”

La costumbre –aplaudida, por otro lado, en nuestra época, como se señala en el artículo – de estar en varias cosas a la vez merma nuestra atención y es un impedimento para trabajar con total eficacia en todas esas cosas que nos proponemos hacer, ya que, a pesar de creernos capaces de desarrollar varias tareas a la vez, nuestro cerebro no está programado para ello. Hasta aquí nada del todo nuevo, a pesar de que la investigación está hecha sobre el uso de nuevas tecnologías; siempre se ha dicho que “el que mucho abarca poco aprieta”. La preocupación, digámoslo así, viene porque este hecho ‘científicamente probado’ se extiende cada vez más a todos los ámbitos de la vida, al modo en que procesamos la información y el conocimiento, y también a la educación, pues uno de los ejemplos que ofrecen los estudiosos es algo que los docentes experimentamos cada vez más en nuestras clases: cómo los alumnus, mientras supuestamente siguen las explicaciones, están navegando por la red, conectados al correo o a su facebook.

Ésta, más que distracción, dificultad de estar concentrado sólo en un acto, parece ser la tendencia a la que nos lleva la ‘vida moderna’ y en especial la de los llamados nativos digitales, cuya forma natural de recibir la información es de forma hipertextual, fragmentada y a salto de mata, lo cual, va evidentemente en detrimento de la profundización en algún tema, precisamente por la falta de tiempo.

Necesitamos aprender a filtrar la información que no nos sirve, aconsejan psicólogos y epertos, informarse menos y ejecutar más y abogan por recuperar espacios de silencio. “David M. Levy, profesor de la Information School de la Universidad de Washington, lo explicaba en una conferencia -No time to think (Sin tiempo para pensar) celebrada en la sede de Google: “Necesitamos una ecología de la información para luchar contra las formas agresivas de polución mental que afectan a nuestras vidas”.

“El nuevo desafío intellectual –reza el artículo – es la lucha por recuperar la atención.” Pero controlar la mente, “un ente que gusta de divagar y que está sometido a cientos de distracciones, exige disciplina y energía,” especialmente en una época en que las ofertas son innumerables. A pesar de que contamos con más canales de información que nunca, pero más información no implica más conocimiento, ¿corremos, por tanto, más riesgo de ser manipulados por esta falta de profundización y comprensión de toda esa maraña que nos llega? Teniendo en cuenta el contexto cabe preguntarse si posible conseguir esta ecología de la información, la cual parece necesaria, no sólo por los riesgos de manipulación, sino por una cuestión de salud mental. ¿Exige eso desentrenarnos o, aún más, deseducar a aquellos que nacidos en el seno de la era digital apreden a relacionarse con la realidad y con el conocimiento de esta forma? ¿Podemos y debemos desde la educación trabajar en esto? ¿Es la tarea de los educadores en comunicación dedicar esfuerzos no sólo a enseñar a entender los medios sino también a seleccionar la infinita información que nos llega?  ¿Hay razón para alarmarse?