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UN DÍA DE FIESTA EN LA PUERTA DEL SOL

Yo estuve el domingo en la Puerta del Sol participé de los corrillos, llevamos comida, polemizamos y disfrutamos escuchando a todas las personas que tenían necesidad de hablar: EDUCACIÓN CON MAYÚSCULAS, RESPETO, TOLERANCIA, COHERENCIA, DISCREPANCIA Y DIÁLOGO. Hoy tocará volver pero, sobre todo, habrá que apoyar a partir del domingo otra siembra de esperanza también aquí en este pequeño lugar, la vetusta Segovia que, a pesar de todo, resiste a la imparable marea del más de lo mismo.

¡¡¡¡Es cierto, lo que bulle en Sol es el principio de algo GRANDE, LIMPIO, ESPERANZADOR Y QUE NOS DEBE LLENAR DE ILUSIÓN PARA PENSAR QUE LO DIALÉCTICO PUEDE COMENZAR A DESMANTELAR NUESTRO PROPIO CONFORMISMO!!!! A ver si mantenemos la alegría y contribuimos a construir lo que todos ansiamos. Somos muchos más, con nuestras contradicciones, con nuestros miedos a “desestabilizar”, con nuestros pesares pequeñoburgueses… (por cierto este domingo en Sol tuve que debatir, ante un espíritu que se creía puro y que atacaba el carácter pequeño burgués de la concentración, que si los de la acampada eran llamados pequeñoburgueses, yo era mucho más pequeño aún. No quería haber hablado pero cogí el altavoz en el corrillo que se formó y me alivió saber que mi hijo Miguel de 11 años me había entendido) ¡¡¡¡Quise defender la alegría de las gentes que habían tenido la iniciativa de devolvernos la esperanza, apuntalar nuestra ilusión y resistir a pesar de todo!!!!  Gracias amig@s por defender la ilusión. Un abrazo.

Agustín García Matilla

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¿Revolución del 15M?

Os dejo un enlace a la entrada del blog Periodismo Global, del periodista Rafael Arias.  En su breve artículo La Puerta del Sol no es la Plaza Tahir… por el momento,  reflexiona sobre los eventos del 15M y los días posteriores, sobre su repercusión en Twitter y sobre las comparaciones que se han hecho con las revoluciones árabes. Interesante.

Saludos, Eva Navarro

Informe Unicef sobre Internet e infancia

¿Autorregulación?… y más es una investigación sobre la influencia de la red en la infancia, en la que participaron profesores de varias universidades. Agustín García Matilla fue uno de los coordinadores del informe.
Resumen. El objetivo de esta investigación es detectar y analizar los riesgos potenciales a los que nuestros niños, niñas y adolescentes se ven expuestos cuando navegan por Internet, así como promover la responsabilidad de los distintos actores implicados, en especial de las empresas proveedoras de servicios y contenidos.

También podéis encontrar el documento en la página de Unicef.

 

 

Contra el caos, la compasión

A través de este enlace al blog Comunicar la cultura, encontraréis algunos documentos interesantes.

Sin tiempo para pensar (II)

¿Es necesaria una ecología de la información?

En El País digital del 1 de febrero aparecía un artículo con un título muy sugerente “Sin tiempo para pensar”; podréis imaginaros de qué se trata. En efecto, el artículo, basándose en algunos estudios recientes y reflexiones de expertos, un tanto alarmados con la situación, relata cómo en nuestra era digital, el espacio para la reflexión, queda relegado por una especie de zapping mental al que nos vemos obligados por el ritmo de vida que llevamos – el estilo de vida multitarea – y, sobre todo, por la saturación de información y contenidos dispersos a la que estamos sometidos, y cuyo número se ha disparado, y lo sigue haciendo gracias a Internet. “Abrir el email, un acto doméstico y rutinario, nos deja sin aliento, asegura la teórica de la tecnología Linda Stone, que después de experimentar consigo misma y observar el comportamiento de varios cientos de sujetos, concluyó que todos sufrimos “la apnea del email”, una suspensión temporal de la respiración que tiene lugar mientras lo revisamos.”

La costumbre –aplaudida, por otro lado, en nuestra época, como se señala en el artículo – de estar en varias cosas a la vez merma nuestra atención y es un impedimento para trabajar con total eficacia en todas esas cosas que nos proponemos hacer, ya que, a pesar de creernos capaces de desarrollar varias tareas a la vez, nuestro cerebro no está programado para ello. Hasta aquí nada del todo nuevo, a pesar de que la investigación está hecha sobre el uso de nuevas tecnologías; siempre se ha dicho que “el que mucho abarca poco aprieta”. La preocupación, digámoslo así, viene porque este hecho ‘científicamente probado’ se extiende cada vez más a todos los ámbitos de la vida, al modo en que procesamos la información y el conocimiento, y también a la educación, pues uno de los ejemplos que ofrecen los estudiosos es algo que los docentes experimentamos cada vez más en nuestras clases: cómo los alumnus, mientras supuestamente siguen las explicaciones, están navegando por la red, conectados al correo o a su facebook.

Ésta, más que distracción, dificultad de estar concentrado sólo en un acto, parece ser la tendencia a la que nos lleva la ‘vida moderna’ y en especial la de los llamados nativos digitales, cuya forma natural de recibir la información es de forma hipertextual, fragmentada y a salto de mata, lo cual, va evidentemente en detrimento de la profundización en algún tema, precisamente por la falta de tiempo.

Necesitamos aprender a filtrar la información que no nos sirve, aconsejan psicólogos y epertos, informarse menos y ejecutar más y abogan por recuperar espacios de silencio. “David M. Levy, profesor de la Information School de la Universidad de Washington, lo explicaba en una conferencia -No time to think (Sin tiempo para pensar) celebrada en la sede de Google: “Necesitamos una ecología de la información para luchar contra las formas agresivas de polución mental que afectan a nuestras vidas”.

“El nuevo desafío intellectual –reza el artículo – es la lucha por recuperar la atención.” Pero controlar la mente, “un ente que gusta de divagar y que está sometido a cientos de distracciones, exige disciplina y energía,” especialmente en una época en que las ofertas son innumerables. A pesar de que contamos con más canales de información que nunca, pero más información no implica más conocimiento, ¿corremos, por tanto, más riesgo de ser manipulados por esta falta de profundización y comprensión de toda esa maraña que nos llega? Teniendo en cuenta el contexto cabe preguntarse si posible conseguir esta ecología de la información, la cual parece necesaria, no sólo por los riesgos de manipulación, sino por una cuestión de salud mental. ¿Exige eso desentrenarnos o, aún más, deseducar a aquellos que nacidos en el seno de la era digital apreden a relacionarse con la realidad y con el conocimiento de esta forma? ¿Podemos y debemos desde la educación trabajar en esto? ¿Es la tarea de los educadores en comunicación dedicar esfuerzos no sólo a enseñar a entender los medios sino también a seleccionar la infinita información que nos llega?  ¿Hay razón para alarmarse?